Nuestro cuerpo está diseñado para vivir en sincronía con la luz solar.

Se habla mucho de si el sol es bueno o malo… pero la realidad es que no es el enemigo. Lo importante no es evitarlo, sino entender cómo y cuándo exponernos para que juegue a favor de nuestra salud y bienestar.
Nuestro cuerpo está diseñado para vivir en sincronía con la luz solar, es lo que se conoce como ritmos circadianos del cuerpo. Cuando respetamos ese ritmo, mejoran nuestra energía, descanso y bienestar general.

Al despertar, nuestro cuerpo necesita luz solar para activar procesos clave: generar cortisol y así activarnos y generar energía. También va a generar vitamina D.

Esta exposición debe ser directa (sin gafas de sol ni cristales) e idealmente en grandes superficies de piel como brazos, piernas y abdomen.

Si no tienes terraza o jardín, abre la ventana y asómate o sal a caminar o hacer ejercicio al aire libre (esta opción la mejor). Si la primera luz que recibe nuestro cuerpo es la luz del sol, notaremos una gran mejoría en nuestro bienestar y empezaremos el día con una energía mayor.

Durante el día, pasar tiempo al aire libre ayuda a mantener ese equilibrio interno. Si trabajas en interior, haz pausas de 5-10 minutos y sal al exterior o al balcón o asómate a la ventana y evita pasar todo el día bajo luz artificial.
Tu cuerpo sigue “leyendo” la luz solar para regularse.

La luz solar del atardecer tiene un papel fundamental ya que indica al cuerpo que el día termina favoreciendo la producción de melatonina (hormona del sueño) para garantizar un buen descanso. Además, es muy importante, cenar con luz natural ya que mejora la digestión y el descanso, además, de ayudar a regular la saciedad y evitar antojos.

Al atardecer, ve reduciendo la intensidad de las luces en tu casa, evita luces blancas y luz azul (TV, smartphone,..), prioriza luces cálidas tenues o mejor aún luz roja.

Cuando la exposición es prolongada, sobre todo en horas centrales (12h–16h aprox.) Aquí es donde puede aparecer daño celular, envejecimiento prematuro o quemaduras. Si este va a ser tu caso, es decir, si vas a exponerte mucho tiempo y sobre todo lo vas a hacer en horas centrales utiliza un protector solar de filtro mineral (físico) sin nanopartículas de amplio espectro (protección frente a UVA y UVB). Más información sobre protección solar en este artículo.

Los peques también se benefician del sol, pero has tener en cuenta que son pieles más delicadas que aún están en desarrollo por lo que necesitan más protección y aquí, es importante, evitar exposición directa en horas fuertes.

¿Cuáles son tus hábitos en sincronía con el sol?


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